Señor Horrach, déjese de quijotadas rescatando a princesas desvalidas y aplíquese al cometido que el cargo le asigna
NO me refiero a la violencia de género, donde no hay amor, sino odio, brutalidad, salvajada, sino al caso Urdangarín, en el que, tomando el rábano por las hojas como siempre, los españoles discutimos si la Infanta Cristina debe renunciar a sus derechos...
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