DEL mismo modo que los antiguos tenían las novelas por entregas, nosotros tenemos las apariciones del pequeño Nicolás en los platós de los programas basura; e, inevitablemente, la novela que va trazando con la narración de sus trapacerías resulta picaresca. Como conviene a un gallardo mancebo de la estirpe de Lázaro y Guzmán de Alfarache, Nicolasillo de Manzanares...
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