HABÍAMOS perdido ya la trágica costumbre de recibir noticias como esa que nos llegó anteayer: la de que una agente de la Policía Nacional de 36 años había caído acribillada a tiros en una ciudad española. Habíamos logrado olvidar aquel nudo en la garganta que fue una sensación familiar durante años, durante todo el largo tiempo en que ETA no dejaba de asesinar....
Suscribete para leer la noticia completa:

