MANUEL Fraga era hombre de probidad intachable. Tras toda una vida en puestos de relumbrón, apenas logró juntar unas perras para comprarse un chalet playero. De emplazamiento excepcional, la casa estaba a pie de orilla, en un arenal resguardado de la ría de Betanzos, pero bastante destartalada. Si a Fraga alguien le propusiese acometer un chanchullo ilícito,...
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