La rutinaria vida que administraba Instituciones Penitenciarias se ha convertido en un carrusel de sensaciones desde que las cárceles españolas se convirtieron en la cadena hotelera de moda para la élite de la corrupción. Conviene –ahora más que nunca– guardar las formas y evitar revuelos añadidos. En nada beneficia al sistema penitenciario el presunto trato...
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