NUESTRO problema nacional no es la corrupción. Es algo peor: la falta de credibilidad en los partidos políticos para luchar contra ella. Sabemos que la credibilidad es un bien subjetivo, pero también que solo se conquista con hechos objetivos, es decir, tomando la delantera a los acontecimientos, no esperando a ir detrás y a remolque de ellos. Esto lo debería...
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