RARO será quién no haya vivido algún caso en su entorno. En especial antes del reventón del 2008, con el abrupto final del somos ricos. Vidas confortables estragadas por la ponzoña del quiero más y del vacío interior. Un cóctel de envidia, codicia y materialismo yonqui, que muchas veces hasta acaba en enfermedad, en la legión doliente del Tranxilium y el Trankimazin....
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