Se vienen a juntar en la esquina de Balbina, bajo los soportales, esas corrientes que andan invisibles tras las personas y que a la frutera le revolvían el pelo corto y moreno hasta taparle el flequillo los ojos, lo que le daba un aire aniñado. Como los escritores con los libros, guardo su imagen como la de una niña con las frutas al fondo sobre hojas de col...
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