Nada tan sabroso como las melonadas del verano, frescas, dulzonas y bien repartidas por la geografía nacional
«CUÍDEME el melonar, Julián», se dice que pidió Ortega a Marías en su lecho de muerte. Porque, durante los cuarenta años del secano franquista, el páramo produjo con esfuerzo una vegetación correosa y xerófila, pero fue, ha sido, es y será siempre feraz...
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