Creo que Ana María Matute siempre escribía al conjuro de una infancia que le había sido arrebatada
LA recuerdo con la melena de plata un poco desmadejada y la voz ronca, resacosa de la vida, con una sonrisa extensa como una mañana de domingo, hablándome de la niña que vivía dentro de ella. La recuerdo cándida y pícara, grácil y tullida, anciana y sin embargo gestándose...
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