SI todos los jueces españoles hiciesen gala de una probidad intachable, la Justicia fuese realmente ciega y el legislador creyera en el principio democrático de división de poderes, no tendría sentido aforar al Rey Don Juan Carlos ni a los otros diez mil privilegiados que gozan de esa protección.
Si en los últimos años no hubiesen saltado a la fama magistrados...
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