Estrasburgo: un parlamento-Potemkin, como aquellas aldeas de atrezzo, alzadas para ocultar la Rusia real. Un decorado
Y, ¿cómo pudimos llegar a esto? Cuando aún era posible pensar, porque aún leer no se había trocado en vago resto arqueológico de otra era, un pensador severo podía preguntarse qué decimos cuando decimos «mujer». Nada: «no hay la mujer». El pensador...
Suscribete para leer la noticia completa:

