A la alegría de la Pascua que en todo el orbe católico se celebra, transcurridos los misterios de la Pasión al contemplar a Jesús resucitado como vencedor de la muerte, hay que añadir en estos días un gozo más por el hecho trascendental para la Iglesia universal de reconocer la santidad a dos figuras señeras que, como máximos representantes suyos, vivieron entre...
Suscribete para leer la noticia completa:

