Antes de entrar al mercado de Torrijos alcé la mirada para ver si habían llegado los vencejos. Entregaba el Rey ese día el Cervantes a Elena Poniatowska y pensé que sería bonito que tuviera sobre su cabeza esa corona de pájaros, ya que no se había puesto las rosas. En la estrechez de un balcón madrileño, una señora leía sentada a lo largo, con las piernas estiradas...
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