Al atardecer la luz se dora, como si vinieran los rayos del sol más tostados. Se abre camino como un agua esta luz por la calle de Padilla, hasta la esquina con Castelló, para ir a dar justo bajo las ramas de un olmo del que caen una suerte de lunas diminutas y aplastadas, plenilunios dorados de Semana Santa, enseñando en su caída las dos caras. Ninguna otra...
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