¿Qué nos pasa? Parece que hemos dejado de pensar y de razonar. Parece que ya no somos capaces de discernir la realidad. Tenemos miedo de llamar a las cosas por su nombre y usamos eufemismos que borran el significado de las palabras.
¿Por qué no volver a llamar las cosas por su nombre? En vez de hablar de un manojo de células, hablemos del niño o bebé. Digamos...
Suscribete para leer la noticia completa: