Putin no puede retroceder un milímetro en Crimea. Sin suicidarse
CLAUSEWITZ –cuyo tratado De la guerra releo estos días en la estupenda edición de Tecnos– aconsejaba no cerrar todas las salidas a un enemigo en trance de derrota. Salvo que se esté seguro de poder aniquilarlo a bajo coste. Y ese cálculo suele ser ilusorio. La ausencia de esperanza de sobrevivir...
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