No estuvo mal encaminado el presidente del Villarreal cuando calificó ayer de animalada –«animalá» en valenciano, aclaró– la agresión química que el pasado sábado obligó a suspender el partido que se jugaba en El Madrigal, invadido por la humareda y cuyo aire se hizo irrespirable en el césped y la grada. La acción aislada de un vándalo, que obligó a atender...
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