En un país de escasa tradición innovadora, Luis fue el padre del más célebre invento nacional moderno: el tikitaka
ERA tan cascarrabias que su hosquedad provocaba una especie de ternura; castizo, malhumorado y chapado a la antigua, impermeable al estilo diletante de la posmodernidad, Luis Aragonés encarnaba el espíritu clásico de un fútbol de balones de cuero...
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