Ni en el diccionario viene esta palabra que anidó en mi cabeza cuando iba por la Castellana en el 27. Fue en uno de esos días grises que también tiene Madrid, cuando la gente, con el frío, va tan callada que sólo se oyen los coros de toses. Los ojos, a veces creo que no miran; cazan imágenes al vuelo para dejarlas en el corazón albergadas. Porque nada más pasar...
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