No es la barbarie de Anelka. Es la de todos. Nadie que acepte de lo inhumano está a salvo de lo inhumano
A los futboleros, el gesto de Anelka tras su gol del sábado no les habrá emocionado: brazo y palma derecha extendidos hacia el suelo, mano izquierda como reteniendo su alzado. Trivial. Como la dedicatoria: «Dedico este gol a mi gran amigo Dieudonné», cómico...
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