MÁS que un funeral, parece una fiesta. La gente se abraza, se besa, se ríe. Es la gracia de Mandela, que se extiende en torno suyo como un aura mística y popular a la vez. De ahí que todos quieran participar en ella y acudan los dignatarios más altos, desde los países más lejanos, a rendirle homenaje, mientras las banderas a media asta ondean en su honor de polo...
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