Mirar lo político con esa intensa indiferencia que sólo puede nacer de las formas más educadas del desprecio
TENER veintiocho años en el 78 era cargar con una ya abigarrada historia, en el vértice de cuyos acelerones tantos de los de mi edad naufragaron: los que, antes de haber cumplido diecisiete, exploraron a tientas los oscuros laberintos de la lucha clandestina...
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