A Kennedy lo mataron los mismos que al día siguiente lo lloraban
ERA guapo, católico y follador. No fue, desde luego, el dechado de virtudes que ciertas hagiografías han pretendido divulgar; pero tampoco, seguramente, el presidente calamitoso y zascandil que han pintado sus retratistas menos benignos. Lo aureolaba esa aristocracia de la belleza y del dinero que...
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