Espiar lo que decimos es un inmenso esfuerzo melancólico. Asomarse a la banalidad del «Ola wapa ke ase, toi yegando»
ESMERÁOS, compatriotas. Si las orejas de Obama, que no son pequeñas, andan a la escucha de nuestros teléfonos deberíamos cuidar un poco la expresión oral, más que nada por decoro de la célebre marca España. Ya se han sonrojado bastante los inspectores...
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