Malversaron tantos fondos que no sabían cómo disimularlos. Podían haber probado directamente a no quedárselos
CADA escándalo de corrupción deja una frase para la posteridad, una perla coloquial cincelada en el mármol de la historia de la infamia. En el caso Malaya fue el orgullo de poder de Roca –«El Ayuntamiento soy yo»– o la diligencia de Isabel García Marcos...
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