Las activistas, necesitadas sin duda de atención psicológica, que irrumpieron en el Congreso en plena sesión, llegando a poner en riesgo su integridad física encaramadas en la barandilla, gritaban que el aborto es sagrado. De ninguna manera, están en un error: sagrada es la vida, que además hemos recibido gratis, no la hemos merecido. Nadie tiene derecho a acabar...
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