Enseñó a las élites políticas norteamericanas. Lástima que no enseñase a las españolas
«ME di cuenta de que los pueblos españoles desaliñados, ruidosos, poco limpios y tráfico caótico eran más ricos que esos pueblos blancos, impecables, apacibles, con fuente en la plaza y macetas en los balcones. La razón era simple: en los primeros, había actividad industrial...
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