El robo es una tilde en el discurso nacionalista. No su clave. Por desgracia
LLAMAMOS imposible a lo que no nos gusta. Es un sedante eficaz. Y, a la postre, catastrófico. Porque lo peor no se rige por nuestros gustos: las determinaciones de su lógica son ajenas a cualquier deseo, positivo o de rechazo. Y un día lo «imposible» revela su verdadero nombre: lo indeseado,...
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