Entre víctimas y verdugos no puede haber equidistancia, por mucho que Aitor Merino lo haya intentado en el Festival de San Sebastián con su documental «Asier ETA biok» («Asier y yo»). Con la realidad, también se puede hacer ficción y tratar de comprender, bajo el engañoso prisma de su afecto personal con el etarra Asier Aranguren, amigo de los tiempos de su infancia...
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