FUE hace cinco años: París, 12 de septiembre de 2008. El entonces Papa Benedicto XVI visita en el Elíseo al entonces presidente francés Nicolas Sarkozy. Cruzan entre sí discursos admirables. Bajo la solemnidad de los cuales late una potencia intelectual y una hondura teológica poco común en los usos diplomáticos. Todo se juega en torno a un concepto, hasta ese...
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