Las naciones que aspiran a hacerse respetar por las demás, en este caso por un reducto del pasado, empiezan por respetarse a sí mismas
TIENE mucha razón el ministro Margallo cuando afirma que ofende a la dignidad nacional la pretensión de equiparar a una colonia anacrónica como Gibraltar, refugio de corsarios contemporáneos gobernados por un personaje de ópera...
Suscribete para leer la noticia completa:

