Ejecutivos y ejecutivas vagan melancólicos por sus lugares de verano
CADA día, a las siete de la mañana, nuestro hombre ya está sentado en su despacho acristalado, porque su bwana inicia la jornada a las siete y media y cuando llega suele llamarlo para interrogarlo sobre asuntos de última hora. Si te pilla en la berza, empieza el descuento en tu metafórico carné...
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