Estamos ante el mal químicamente puro. El mal sin otro origen o propósito que sí mismo
LA astucia popular, que algunos llaman sabiduría, inventó, al introducirse el jurado en el procedimiento judicial español, un aforismo muy castizo: «si soy culpable, que me juzgue un jurado; si soy inocente, un juez», que resume uno de nuestros peores rasgos: la desconfianza...
Suscribete para leer la noticia completa:

