Desde hace tres años asistimos al bienintencionado sarampión de los manifiestos regeneracionistas. El asunto funciona más o menos así. Un veterano de la política ha sido aparcado por su partido, que lo ha alejado de la primera línea hace largo tiempo. Pero el prócer no se resigna al muermo de la irrelevancia. Como todos tenemos un ego tipo entrenador de fútbol...
Suscribete para leer la noticia completa:

