LA distancia que separa a la izquierda de la derecha no es un asunto apropiado para sesudos ensayos que nos provocan la gota gorda cuando los leemos al borde del mar, que es como los cursis nombran la playa. Sería más adecuado echar mano de las siete diferencias, aquel juego visual que nos entretenía cuando pasábamos las interminables tardes de verano enfrascados...
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