Desde el alba a la madrugada, nada de lo humano le es ajeno
NO ha rayado el alba. En su adosado de un barrio residencial, el tertuliano apaga el despertador con un manotazo irritado. Le cuesta un imperio dejar la piltra. Apenas ha apurado seis horas de sueño, pues anoche le tocó debate nocturno en la tele. Hoy, a las ocho, primera tertulia del día, en una radio...
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