ACOSTUMBRADO a impostarse a sí mismo como el ejército simbólico y desarmado de la Cataluña nacionalista, el Barça lleva un tiempo blasonando de superioridad moral –la deportiva es inobjetable porque se la han ganado los jugadores– con el melifluo discurso de unos valores que al final han resultado ser reversibles como los principios de Groucho Marx. La humanitaria...
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