SOMOS un país inverosímil. Cuando nuestro Rey hizo el ridículo ante el planeta entero mientras el Fortuna con el Príncipe de Gales y él mismo abordo era remolcado por un barco de pescadores, todo el mundo comprendió que había llegado la hora de dotar al jefe del Estado de otro barco. Pero en un tiempo de dispendios más que injustificados no hubo valor político...
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