En la plazoleta terriza, apenas habían nacido los sesenta, colocaron una noria que a la niñez le parecía alta como un arcoíris alto. Subido a ella, en aquellas barcas que eran péndulo del miedo, una canción sonó por la gramola de la atracción: «Esperanza.» La voz, de Enrique Montoya, y aquel son que traía mareas caribeñas se me quedó dentro, como brújula por...
Suscribete para leer la noticia completa:

