CON tres cuerdas tocaba la guitarra. Las otras tres, ¿dónde estaban? En sus manos, que eran cordaje de rabia. Tres cuerdas, ¿cómo podían sonar como cien campanas? Tres cuerdas, Miguel, ¿de dónde tanta hondura en tu sonanta? Tenías en la cabeza un divino pentagrama en el que Dios escribía las notas más elevadas, los más difíciles golpes, las más hermosas palabras,...
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