Que bajo el nombre de un primer acreedor (en este caso Miguel Blesa) se fuesen colgando en las cuentas del PP los gastos cargados por decenas de proveedores a lo largo de los años revela un desaseo en la metodología contable del partido. Y condena al partido en el Gobierno a dar explicación tras explicación. Si los gestores de la Tesorería se hubieran esmerado...
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