Pese a hacerlo bien, nuestra representación –El Sueño de Morfeo– volvió a fracasar estrepitosamente en la cita anual de la música europea. La gala, con su habitual puesta en escena majestuosa, nos deparó este año la «sorpresa» de reservarnos el penúltimo puesto. De nuevo –por si fueran pocas las veces anteriores– quedó patente el fuerte condicionante de los países...
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