CUANDO tenía treinta hombres a su cargo en cuatro o cinco frentes de trabajo, que incluso alquiló un minibús que los recogía a las seis de la mañana y los iba dejando en los tajos, había que verlo cuando llegaba al bar, con aquella arrogancia que le aumentaban los dineros que le entraban por las puertas como el viento en día de solano. Pedía con tan mal estilo...
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