NO hay nada más incompatible con la normalidad democrática ni más peligroso para la estabilidad de un país que crispar los resortes que sustentan su convivencia civil. No hablo de la justa crispación que erosiona internamente a quienes pasan por la dura experiencia de perder su puesto de trabajo o su vivienda, o de encontrarse, como tantos jóvenes en nuestro...
Suscribete para leer la noticia completa:

