NO tenía más vicio que el trabajo y, cuando llegaba la hora, una buena mesa. Y de bebida, agua o un refresco de naranja; ni siquiera una cerveza, porque le horrorizaba la idea de una posible adicción al alcohol. Trabajo, solo trabajo. Sin prisas, a su ritmo, pero trabajo siempre, y a cualquier hora, que le daba lo mismo que le dijeras que solo podías a las seis...
Suscribete para leer la noticia completa:

