SE insta a una reforma de la Administración que quizá sea necesaria, pero abordarla al buen tuntún implica el riesgo de montar un fastuoso estropicio, y no sólo por el número más o menos elevado de empleados públicos que engrosarían el ejército del paro sin horizonte. Lo verdaderamente peligroso sería empantanar al Estado en un marasmo funcional. Es cierto que...
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