LOS españoles en general somos fáciles de contentar. Ha bastado con que la juez Alaya regresara de su baja con los deberes hechos y ordenara unas cuantas detenciones para que se nos levantara esa moral que andaba por los suelos de las malas noticias, de las calamidades que tejen el feo tapiz de nuestra vida pública, de las evidencias de impunidad. En el fondo...
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