EL caudillismo es el imperio del afecto. Tal cual lo es cualquier otra variedad del populismo. De ello le vienen, por igual, su fuerza de instantáneo arrastre y su alta vulnerabilidad en el curso del tiempo: los afectos son, por definición, volubles. De ahí el riesgo que los tratadistas barrocos ya subrayaran en toda personalización del Estado.
La muerte de Hugo...

