LA extendida costumbre de no admitir preguntas se ha convertido en una irritante pauta de la comunicación gubernamental, pero tal vez sea la que más le conviene a un Gabinete discapacitado para elaborar el discurso político. Cuando los ministros o dirigentes del PP responden quedan bastante peor que cuando callan, salvo que como en el caso de Ana Mato dejen hablar...

